La vida puede dar un vuelco irreversible en un abrir y cerrar de ojos, y a veces, la peor de las tormentas comienza literalmente por el tejado. Esta es la desgarradora historia de una mujer a la que el destino y la crueldad humana empujaron al abismo de la insolvencia más absoluta. Todo comenzó en el año 2006, cuando adquirió una vivienda junto a su entonces marido. La mala fortuna quiso que el inmueble sufriera graves inundaciones desde la cubierta, obligando al matrimonio a afrontar costosas reformas cuando apenas acababan de firmar la hipoteca.
Al no poder habitar la vivienda que acababan de comprar, se vieron forzados a mudarse a un piso de alquiler, asumiendo simultáneamente la cuota hipotecaria, la renta mensual y los inasumibles gastos de la obra. Esta asfixia económica desembocó en la ejecución hipotecaria y la pérdida total de la propiedad, quedando aún una gigantesca cantidad pendiente de pago con la entidad bancaria.
Pero la asfixia financiera era solo la punta del iceberg de su pesadilla. La convivencia en el domicilio de alquiler se tornó insostenible debido a graves y reiterados episodios de violencia de género. El terror la obligó a abandonar precipitadamente el hogar familiar a finales de 2009 para salvar su vida, saliendo tan rápido que no pudo llevarse consigo ni un solo documento, tan solo logró huir con su hijo pequeño. Sometida, atemorizada y confiando ciegamente en las decisiones que tomaba su marido, ella ignoraba por completo los impagos que se acumulaban a sus espaldas mientras intentaba sobrevivir, incluidas las facturas de la luz, el propio alquiler y los créditos que asumía su marido y que ella ,que confiaba ciegamente en él, firmaba con total desconocimiento. Además del abandono del progenitor hacia el hijo en común, por lo que durante todos estos años ha tenido que hacer frente en solitario a la crianza y gastos del menor, a pesar de su situación personal.
Las secuelas de este infierno han sido devastadoras. A día de hoy, padece graves síntomas ansioso-depresivos que le provocan una severa pérdida de memoria, impidiéndole siquiera recordar con exactitud las fechas o el origen de las deudas que hoy le reclaman fondos buitre y bancos. Su frágil estado ha llevado a la Justicia a declararla en situación de Incapacidad Permanente Absoluta. Viviendo sola en una vivienda protegida, con unos ingresos mínimos que apenas superan los 900 euros, ha tenido que hacer frente a la crianza de su hijo, abandonado económicamente por su padre, y a una persecución implacable de los acreedores. La deuda total acumulada a sus espaldas asciende a la abrumadora cifra de 128.459,36 euros.
Mientras ella luchaba por reconstruir su mente rota y sobrevivir con una pensión de miseria, su deuda era vendida al peso a fondos buitre extranjeros. A estos gigantes financieros no les importan los partes médicos ni las sentencias por malos tratos; para ellos, esta madre no es una superviviente, es solo un número rojo en un balance contable. El simple acto de abrir el buzón o contestar al teléfono se convirtió en una tortura diaria, un recordatorio de que su agresor ya no estaba en casa, pero el terror había tomado otra forma.
En RIVERIEGO ABOGADOS sabemos que hay deudas que no solo quiebran cuentas corrientes, sino que intentan quebrar el espíritu. Nuestra representada no es solo una víctima de la crisis inmobiliaria, es una superviviente de la violencia más cruel que merece recuperar su paz mental. Hemos tomado las riendas de su caso mediante la Ley de Segunda Oportunidad para demostrar su absoluta buena fe y lograr la exoneración total de esos más de 128.000 euros. Porque nadie debería pagar eternamente por los infortunios del destino y los abusos ajenos.



