Exonerada tras verse arruinada y traicionada por la expareja a la que intentó salvar, financiando su negocio

Hay traiciones que te rompen el corazón, y otras que además te destrozan la vida entera. Esta es la dramática historia de una mujer trabajadora que pasó de disfrutar de una envidiable estabilidad económica a vivir ahogada por las deudas, el pluriempleo precario y el engaño. Su único «delito» fue confiar ciegamente en la persona equivocada y pecar de una inocencia que le ha costado muy cara.

Todo comenzó cuando, respaldada por un elevado sueldo, decidió dar un paso al frente por amor. En septiembre de 2024, solicitó un préstamo de 6.264,99 euros para ayudar a su entonces pareja, un joven emprendedor que necesitaba liquidez para iniciar su negocio. Aunque el crédito se formalizó a nombre de ella, el compromiso moral era inquebrantable: él sería quien pagaría las cuotas, ya que era el único beneficiario real de ese dinero.

Pero el cuento de hadas se transformó en una pesadilla. Tras una ruptura sentimental completamente hostil, el joven desapareció de su vida, cortando todo contacto y desentendiéndose por completo de la deuda. La dejó sola, traicionada y frente a unas cuotas mensuales que no le correspondían.

El destino, además, se ensañó con ella de la peor manera. Justo en ese momento de máxima vulnerabilidad emocional, perdió su empleo, poniendo fin a una racha de buenos contratos que le habían dado seguridad. Desesperada, viendo cómo sus ahorros se esfumaban intentando pagar el préstamo de su expareja para no constar como morosa, tomó una decisión nacida de la angustia, decidió solicitar un préstamo para pagar el anterior. Su esperanza era usar ese dinero para ganar tiempo, pagar el crédito anterior y sobrevivir mientras encontraba un trabajo con el sueldo al que estaba acostumbrada.

Fue el inicio de una espiral de insolvencia imparable. La soñada estabilidad laboral nunca regresó; en su lugar, se vio abocada a encadenar trabajos precarios y temporales a través de empresas de trabajo temporal, sin alcanzar jamás la jornada completa.

Las matemáticas de su día a día relatan una auténtica historia de terror financiero. Con un salario que ronda los 1.020 euros, tiene que hacer frente a unos gastos fijos ineludibles. Entre el alquiler de su vivienda protegida, la luz, el agua, la comida y el gasto necesario de gasolina para ir a trabajar, su margen de maniobra es nulo. Tras meses de agonía haciendo frente a las cuotas en junio de 2025, sin ahorros y al límite de sus fuerzas, se vio obligada a dejar de pagar.

El asfixio llegó a tal punto que la Administración Pública también empezó a acorralarla. Al no tener ni un céntimo de liquidez, tres sanciones de tráfico entraron en vía de apremio, acrecentando la deuda. La desesperación era tan profunda que, al ver que el borrador de su declaración de la Renta le salía a pagar, tomó la angustiosa, como errónea decisión, de no presentarla porque, sencillamente, no tenía dinero para comer y pagar a Hacienda y los acreedores al mismo tiempo.

Cuando acudió a nosotros, la radiografía de sus cuentas bancarias reflejaban la crudeza de su realidad: su cuenta principal estaba en números rojos, con un descubierto, y en su otra cuenta apenas le quedaban 0,05 céntimos. Su única propiedad, un coche, para ir a trabajar, del año 2008 que acumula más de 400.000 kilómetros a sus espaldas. Mientras su expareja emprendió su negocio con el dinero ajeno, ella se enfrentaba a una condena financiera.

Pero la oscuridad no dura para siempre. Tras acudir a la Justicia en busca de auxilio, hemos conseguido por fin la resolución que lo cambia todo: la Exoneración del Pasivo Insatisfecho. El juez ha reconocido su absoluta buena fe como deudora y ha ordenado la cancelación total y definitiva de esos mas de 8.000 euros. Los embargos se levantan, las llamadas de cobro se silencian y la asfixia desaparece. Hoy, esta joven de 34 años deja atrás la traición y la ruina para pulsar el botón de reinicio. Hoy, por fin, empieza de cero.

En RIVERIEGO ABOGADOS no juzgamos las decisiones tomadas por amor ni los errores nacidos de la desesperación, pero sí combatimos las injusticias que se derivan de ellos. Sabemos que detrás de estos más de 8.000 euros no hay una persona derrochadora, sino una víctima de la manipulación y la precariedad laboral. Hemos asumido su defensa para aplicar la Ley de Segunda Oportunidad y borrar definitivamente esta deuda. Nuestro objetivo es que recupere el control de su vida, que limpie su nombre de los listados de morosidad y que una mala experiencia del pasado no le robe el futuro que, con tanto esfuerzo, intenta reconstruir cada día. Porque no importa la cantidad que se adeude, nuestra prioridad es demostrar que nuestros clientes no son deudores de mala fe.